‘Buenos Aires en camiseta’, se publicó originalmente en la revista Rico Tipo en 1953. Fue un auténtico fresco ciudadano que reflejó durante más de diez años, con estilo vanguardista y una depurada técnica, los rasgos esenciales de los porteños, especialmente los de clase media y media baja, los habitantes de los barrios, los que poblaban las oficinas y los bares, los que cada domingo iban a la cancha. Esos porteños fueron observados y reflejados por Calé con una lupa implacable que mostraba en detalle sus modismos, sus lados flacos, su forma de hablar, sus miserias, poses y rasgos más salientes. Su capacidad de introspección del alma de los porteños (mucho más emparentada con las cualidades de un antropólogo que con las de un humorista) es tan profunda, que hacen casi imposible su ubicación dentro de categorías.
Una primera aproximación define lo que hacía en ‘Buenos Aires en camiseta’ como costumbrismo porteño. Calé es uno más de los múltiples cultores de este tipo de humor, característico de la época y del medio en el que publicaba. Con temas recurrentes alevosamente subrayados –el rioba, el fútbol, el tango, el café…– Calé construyó un mundo rico, original y convincente. Encontró una mirada piadosamente perturbadora y universal de la condición humana. La mirada de Calé tiende a disolver la distancia entre observador, protagonista y receptor de la observación. A eso hay que sumarle un dibujo extraordinario, único, que en los últimos trabajos fue objeto de cierta obsesión perfeccionista.
Sus personajes de barrio bordeaban peligrosamente la abstracción y la pura geometría. Su colección de variaciones sobre jopos, peinados y cabelleras diversas eran sorprendentes. Los ritmos y grosores de sus rotundos trazos negros para representar arrugas, ceños fruncidos, narices, trajes cruzados, manos velludas, pechos y caderas eran descomunales. Las diferentes texturas visuales (puntos, ondas, rayas, flores, cuadriculados, etc.) para tratar los ropajes de sus muchachas y muchachos nos retrotraía a pinturas persas o bizantinas, y a un sentido casi musical de la imagen. A esto se añadía una capacidad natural para las representaciones arquitectónicas donde se vivía esta comedia dramática que era la vida barrial de los 50, y que resultaba fundamental para comprender cierto costado “espacial” del planteo argumental.