NAPOLEON / Los cuentos de Polidoro

Mongiello Ricci Antonio, aunque primero es conocido como “Napoleón” y luego como “Napo”, es un humorista y dibujante argentino. Nacido en 1942 en la ciudad de Rosario.

Los primeros trabajos de este artista datan en la Revista satírica “Tía Vicenta” (fundada en 1957).

Luego colaboró en “Leoplán” (revista argentina literaria fundada en 1934).  

Sus siguientes trabajos fueron en otra revista satírica: “Adán” (de origen chilena, publicada entre 1966 y 1967), luego participó en “La Hipotenusa” (revista humorística de los años 60). Publicaba todos los jueves hasta que fue clausurada por Onganía y su director muerto por la triple A) y por último en Satiricón (revista de humor gráfico argentina, fundada en 1972). Además realizó ilustraciones de libros para el Centro Editor de América Latina (una editorial del país fundada por Boris Spivacow durante la dictadura de Onganía en 1966. Funcionó hasta 1995).

                                                          

                                                       

“Napoleón” radica en Francia desde el año 1976. Comenzó a desarrollar una intensa actividad como humorista e ilustrador. A su vez, realizó exposiciones individuales y colectivas, tanto en Francia como en España, Italia, Dinamarca y Estados Unidos. Las ilustraciones de Napo llegaron a ser tapas de revistas y diarios europeos, algunos tan importantes como L´Express, Lui, Linus, Le Monde y La Vanguardia. Fue miembro y fundador del grupo Les Humoristes Associés, donde publicó muchos libros temáticos en editoriales de primer nivel, tales como Hachette y Nathan, entre ellos: El vino, La mesa, El mar, El golf y Los siete pecados capitales.

“Napo” se encuentra a mitad de camino entre lo que sería un artista plástico y un dibujante de humor. Cuando comenta cuestiones sobre su técnica, puede notarse que posee una obsesión por el uso de las texturas y el color:

“No puedo imaginar mis dibujos en blanco y negro”

Se puede decir que, cuando alguien observa sus trabajos reunidos en una muestra, lo primero que salta a la vista es este estallido cromático.

Una vez que se fue a Europa su estilo mutó hacia algo menos revulsivo, realizó muchos trabajos con mucho color.

LOS CUENTOS DE POLIDORO

El CEAL publicó los Cuentos de Polidoro en 1967 y 1968. Eran libros de tapa blanda que se vendían en los kioscos. Salieron 80 títulos.

De la mano de Boris Spivacow, junto a un entusiasta y creativo grupo de colaboradores, este proyecto editorial de vanguardia se sostuvo en nuestro país. Sus colecciones promovieron la democratización de la cultura nacional y universal a través de materiales accesibles, atractivos y de excelente calidad para todas las edades.

No aparecía el nombre del autor, ni el del ilustrador en la tapa; sí el número del cuento  dentro del elefante. En la contratapa había una publicidad.

Las ediciones eran muy buenas en cuanto a impresión, además, la estética era tan plástica que había que ir descubriendo algunas cosas propias del idioma de cada dibujante que no eran las que uno podía ver a primera vista. Y cada ilustrador tenía su propia impronta, muy diferente de los demás de la colección, lo cual enriquecía aún más ese disfrute visual. Y lo cierto es que no sé en realidad si estos dibujos tenían estos colores en el original o si fueron cambiados en el proceso de imprenta, o si fueron muy recortados para que entraran en la página. Se nota que los elementos usados fueron simples: marcadores, crayones, acuarelas. 

Los de esta colección son dibujos que respiran libertad y poesía, realizados por artistas que ponían toda la carne al asador en lo que hacían, con una manera de plantarse que va más allá de que la obra fuera para niños o para adultos, para prensa, para un afiche. Y siguen siendo apetitosos al paladar contemporáneo como si fueran manzanas frescas. A todos estos autores (ya que los ilustradores son autores de la narración en imagen) les agradezco el hecho de no haber mezquinado la emoción y la búsqueda en el trabajo a realizar, sin prejuicios, más allá del público que sea el destinatario de la obra (nenes, esta vez). Es una cuestión de coherencia e ideología, pero además de calidad artística y humana.

/ NOTA EN RADAR POR ISOL: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/17-6989-2011-04-26.html

En cuanto al aspecto icónico, en este caso las ilustraciones, podemos decir que éstas constituyen verdaderas obras de arte con un nivel altísimo de calidad que alcanza picos en collages de Ayax Barnes, cuyas figuras humanas de mirada serena y porte estatuario, sus trazos gruesos y sus formas estilizadas conviven con trozos de diarios, de encajes, de fotografías y grabados, de telas de diversas texturas en un todo colorido que juega con grandes superficies en blanco. O en los dibujos fuertemente satíricos de Napoleón con derroches de color y acotaciones verbales en cursiva, flechas y todo tipo de indicaciones al pequeño lector. En general, para no ser injustos, debemos considerar el corpus completo de los libros de Polidoro como una excelente muestra de la creatividad plástica argentina que en esos años se alió a las nuevas corrientes del diseño.

/ Amparo Rocha Alonso- Autora de “Los Cuentos de Polidoro y el proyecto editorial del Centro Editor de América Latina”, incluido en Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia,Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2006.