José Bonomi y El Séptimo Círculo

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi

Portada José Bonomi La bestia debe morir

Portada José Bonomi
La bestia debe morir

Portada José Bonomi William Irish La dama fantasma

Portada José Bonomi
William Irish
La dama fantasma

Portada José Bonomi Manuel Peyrou, El estruendo de las rosas

Portada José Bonomi
Manuel Peyrou,
El estruendo de las rosas

Portada José Bonomi Margaret Millar Sólo monstruos

Portada José Bonomi
Margaret Millar
Sólo monstruos

Portada José Bonomi Victor Canning Cresta Roja

Portada José Bonomi
Victor Canning
Cresta Roja

Portadas pintadas por el artista para la serie de Emecé creada por “Biorges” .

En casi cuatro décadas, de 1945 a 1983, José Bonomi realizó más de trescientas ilustraciones para El Séptimo Círculo, de Emecé. La colección fue concebida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en un momento en que el género policial era considerado una lectura sin valor literario. Fue precisamente esa serie de novelas, con esas tapas, la que terminaría por consagrar la noble condición del género.

José Bonomi nació en Cosenza en 1903, pero a los tres años, sus padres emigraron y se radicaron en Buenos Aires. Con el tiempo, José se hizo ciudadano argentino. La influencia italiana se hizo sentir en la formación de Bonomi, que comenzó sus estudios de pintura en Buenos Aires con el profesor florentino Francesco Parisi y los continuó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.

En 1921, el joven estudiante empezó a colaborar con la revista Jockey Club y más tarde con Plus Ultra. En 1924, ilustró La Venus calchaquí, de Bernardo González Arrili, y en 1926, pasó a trabajar con la editorial Gleiser donde, entre otras portadas, hizo la de Lunario sentimental (segunda edición), de Leopoldo Lugones. Su estilo de esa época no tiene nada que ver con el geométrico que desplegó en El Séptimo Círculo. En la década de 1920, la estética de Bonomi estaba emparentada con la de Aubrey Beardsley, con ciertas variantes locales y tardías del art nouveau, como la de Alejandro Sirio, pero también con precursores de la transición al art déco como Paul Iribe, y con Demetre Chiparus. Bonomi adoptaba con seguridad el estilo que mejor convenía a los textos que debía ilustrar y que leía con mucha atención. Por ejemplo, cuando hizo portadas para el grupo de Boedo, las imágenes oscilaban entre el realismo socialista y el expresionismo.

La calidad de Bonomi tuvo un reconocimiento en 1925, cuando ganó el primer premio en el Salón de Pintura y Grabado. Ese mismo año, entró a trabajar en La Prensa y alquiló un taller, que compartió con el escultor español Pepe Lorda. El taller estaba en una vieja casa en la avenida Belgrano al 500, al lado de los estudios de los pintores Emilio Centurión y Jorge Larco y de los escritores Leopoldo Marechal e Ilka Krupkin. De esa vecindad, nacieron los vínculos que Bonomi estableció con otras figuras de aquel período: Emilio Pettoruti, Xul Solar (que le hizo una carta astral), Raúl y Enrique González Tuñón, Nalé Roxlo, Norah Lange y César Tiempo.

Bonomi viajó por primera vez a Europa en 1927. Recorrió España, Francia e Italia. En Madrid, asistió a las tertulias literarias del Café Pombo y de la Granja del Henar, en las que brillaban los dos Ramones, del Valle Inclán y Gómez de la Serna. Ortega y Gasset lo invitó a realizar su primera muestra individual en los salones de la Revista de Occidente, que tuvo muy buenas críticas. Era inevitable que en Francia frecuentara al llamado grupo argentino de París. Guiado por Horacio Butler, Héctor Basaldúa y Alberto Morera exploró Montparnasse y Montmartre.

Para El Séptimo Círculo, Bonomi optó por una visión que lo emparentaba con el cubismo y que, en algunas oportunidades, era casi abstracta. Las líneas rectas, la composición en cruz, la combinación de dos colores más el blanco y el negro hacían que las tapas se reconocieran con facilidad. Si se reeditaba un título, Bonomi no repetía la portada de la primera edición; creaba otra nueva. Así procedió, por ejemplo, con Evvie, de Vera Caspary. En sus comienzos, las ilustraciones de la colección eran viñetas; después los dibujos se hicieron bidimensionales, más geométricos y con un uso acentuado de la simetría. Una de las portadas más hermosas dentro de ese estilo es la de El aleph, que el artista hizo para Piragua.

Bonomi formó parte del primer grupo de plásticos argentinos que se desempeñaron como escenógrafos. En 1936, hizo la escenografía de La discreta enamorada, de Lope de Vega, dirigida por Antonio Cunill Cabanellas en el Teatro Cervantes. Un año después, la de Cyrano de Bergerac, de Rostand, y en 1957, la de Los mellizos, de Plauto, entre muchas otras. En algunos de esos trabajos, se advierte un aire de familia con los del francés Christian Bérard. Ese mismo parentesco se aprecia en un arlequín que fue la tapa de un número de la revista Lyra. En los óleos y grabados que no eran fruto de un encargo, Bonomi pasaba de un estilo a otro con una versatilidad asombrosa. La estación, por ejemplo, recuerda a los personajes expresionistas de Otto Dix; y, sin embargo, en el manejo de la luz, en la composición, hay algo que no cambia.

fuente:

http://www.lanacion.com.ar/1726165-intrigas-policiales-bellamente-ilustradas